Energía eólica, la vuelta al rural gallego

Galicia ha sufrido este 2025 uno de los peores veranos que recordamos en la última década. Y es justamente, esta medida temporal, la que marca el ciclo del fuego. Cada década siempre tenemos un annus horribilis en el campo incendiario. No es algo casual, el calentamiento global provoca que cada año se superen los récords de temperaturas del año anterior.

Temperatura media a nivel mundial por año.

Hectáreas quemadas en España por año (datos MITECO).
Una masa forestal imparable en crecimiento
La masa forestal crece dependiendo del tipo de especie explotada entre 8 toneladas por hectárea a más de 20 tn/ha anualmente. Esto ocasiona que en una hectárea, cada 10 años se produzcan sobre 100-200 tn/ha de masa forestal. Esa masa forestal es explotada por pequeños propietarios y comunidades de montes que le sacan una rentabilidad con talas programadas. En el caso del eucalipto por ejemplo estas talas se producen entre los 12 y 16 años de longevidad del árbol, antes no está en su óptimo económico y después decae (datos de ENCE).
Nuestra tierra, desde que la población comenzó a abandonar el rural para dirigirse a las urbes y grandes núcleos, ha cambiado el pasto y las tierras agrícolas por explotaciones forestales extensivas (no sin controversia social en la época de los primeros planes forestales de la dictadura por parte de organismos como el Patrimonio Forestal del Estado).
Aquellas primeras repoblaciones, inicialmente de pino, madera industrial barata, y posteriormente eucalipto con la llegada de la producción industrial de celulosa, tenían como objetivo obtener un recurso maderero de manera rápida y barata. No se tuvo en cuenta las especies o ecosistemas preexistentes en Galicia. Estas repoblaciones con especies foráneas en los 50 y 60 dieron como resultado el mapa forestal actual de Galicia. Cuando hablamos de especies forestales, hablamos de explotaciones forestales, que no bosques naturales. La principal diferencia entre una explotación forestal es su origen antropogénico y por tanto no natural. Hoy montes gallegos que nunca desde la edad media vieron la densidad maderera del siglo XX y XXI, estaban dedicados al pasto en sus tierras altas y a la huerta y explotación vitivinícola en cotas inferiores, hoy están cubiertos de pinos y eucaliptos.
Actualmente entre eucalipto y pino en Galicia suman cerca del millón de hectáreas (datos 2023), como referencia, Galicia cuenta con una superficie total de 2.957.400 hectáreas.
Esta visión puede resultar paradójica por nuestro sesgo generacional. Las primeras fotografías generales del territorio, realizadas por los Estados Unidos de América en la década de 1950 muestran cómo el territorio rural era diametralmente diferente al actual.

Zona rural del Barco de Valdeorras donde los terrenos dedicados a pastos hoy día están completamente cubiertos por explotaciones forestales intensivas.
Vuelta al rural
La energía eólica ofrece en Galicia un vector de vertebración del rural, ofreciendo la posibilidad de generar en el territorio un tejido de I+D de gran valor añadido. Esto facilita la vuelta de los antiguos terrenos agrícolas y de pastoreo con las concentraciones y reestructuraciones parcelarias.
Esta combinación ya existe en EEUU y las islas Británicas, donde el propietario de las tierras aprovecha las instalaciones de mantenimiento y acceso al parque como vías pecuarias o de acceso de maquinaria agrícola. Esto sumado al beneficio económico que deja el parque, garantiza una rentabilidad para cualquiera que quiera retomar las costumbres agrícolas y ganaderas de nuestros ancestros.

Granja en Alemania donde se explota también la energía solar y eólica
Huella ecológica
Es innegable que los molinos eólicos generan una huella en el ecosistema, sobre todo por la problemática del impacto de aves. Esta problemática está siendo abordada por varias empresas, algunas de ellas gallegas con modelos en estado de pruebas para reducir al mínimo el impacto en el ecosistema.
Un ejemplo de esta generación de tecnología es el proyecto Makemake de Instra Ingenieros, que mediante la IA reconoce, calcula y en caso necesario detiene el molino para evitar el impacto del ave.
Hay que calcular y comparar también la potencial huella ecológica con la huella actual del modelo de montes que tenemos. Montes dedicados a la explotación de madera industrial barata que cada 10 años generan incendios que arrasan el territorio, y con ello también la fauna. Con el consiguiente coste natural y económico.
Galicia sigue importando la mayor parte de la energía que consume de países sin garantías medioambientales ni laborales, exportar el impacto ecológico es una solución no responsable para una sociedad avanzada.
Artículo publicado en el Nº 33 de Dínamo Técnica de octubre de 2025.
Autor: Pablo Fernández Soneira. Ingeniero industrial, miembro del Foro Energético de Galicia.


















