La transición energética se juega en el subsuelo

En 2023 escribía en este medio sobre el papel fundamental de la minería en la transición energética. Tres años después, esa idea se ha vuelto aún más evidente. La energía limpia no empieza cuando un aerogenerador gira, cuando se conecta una planta fotovoltaica o cuando circula un vehículo eléctrico. Empieza mucho antes: en el conocimiento del subsuelo y en la disponibilidad de los materiales que hacen posibles esas tecnologías. Cobre, litio, níquel, grafito, cobalto, tierras raras y muchos otros elementos son parte física de la descarbonización.
Europa ha entendido que esta dependencia no puede gestionarse como un asunto marginal. El Reglamento europeo sobre materias primas fundamentales fija para 2030 objetivos de referencia claros: cubrir en la Unión al menos el 10 % de las necesidades anuales mediante extracción, el 40 % mediante procesamiento y el 25 % mediante reciclaje; además, limita al 65 % la dependencia de un solo país tercero para cada materia prima estratégica [1]. No son metas menores. Implican recuperar capacidades que Europa fue dejando fuera de sus fronteras durante décadas.
La cuestión ya no es únicamente disponer de recursos, sino controlar con responsabilidad la cadena de valor. La Agencia Internacional de la Energía advierte de que los minerales críticos se han situado en el centro de la seguridad energética y económica, por su función en las tecnologías energéticas y en sectores como la manufactura avanzada, los sistemas digitales, la inteligencia artificial, el aeroespacio o la defensa [2]. En un contexto de volatilidad, concentración geográfica y tensiones comerciales, depender de cadenas largas y opacas es una vulnerabilidad estratégica.
La respuesta, sin embargo, no puede ser una carrera extractiva sin criterios. Conocer un indicio mineral no equivale a justificar una explotación, del mismo modo que una necesidad industrial no autoriza a rebajar los estándares ambientales. Cada proyecto debe ser analizado con información geológica sólida, evaluación ambiental rigurosa, protección efectiva del agua y la biodiversidad, transparencia y participación temprana de las comunidades. La minería responsable no es un eslogan: es la condición imprescindible para que cualquier iniciativa tenga sentido y legitimidad.
Ese es precisamente el cambio de escala que debemos afrontar. No basta con abrir una mina ni con importar concentrados para enviarlos después a refinar a otros continentes. La resiliencia se construye a lo largo de toda la cadena: exploración y cartografía geológica, extracción selectiva, procesamiento, metalurgia, fabricación industrial, reutilización y reciclaje. El Reglamento europeo avanza también en esa dirección, al exigir programas nacionales de exploración geológica y al acortar los plazos administrativos de los proyectos estratégicos, sin prescindir de las garantías sociales y ambientales [1]. La rapidez no debe consistir en eliminar controles, sino en disponer de administraciones capaces, procedimientos previsibles y decisiones bien fundamentadas.
Para Galicia y para España, este escenario plantea una oportunidad y una responsabilidad. Nuestra geología, diversa y compleja, ha sido históricamente fuente de recursos y conocimiento. Pero el potencial no puede medirse solo en toneladas o en cotizaciones internacionales. Debe traducirse en mejores datos, más investigación, empleo cualificado, capacidad industrial y retorno para los territorios. También exige explicar con claridad qué se conoce, qué no se conoce y bajo qué condiciones una iniciativa puede avanzar o debe descartarse. La confianza pública no se reclama; se construye con evidencia, coherencia y resultados verificables.
La geología aporta una base objetiva a este debate. Permite distinguir entre una mera anomalía y un recurso con posibilidades reales, evaluar incertidumbres, anticipar riesgos y diseñar medidas de protección antes de tomar decisiones irreversibles. Recuperar y actualizar el conocimiento del subsuelo no es una concesión a la actividad extractiva; es una inversión pública en capacidad de decisión. Sin información de calidad, la sociedad solo puede elegir entre simplificaciones: promesas de riqueza inmediata o rechazo preventivo de cualquier opción.
El reciente estudio encargado por el Banco Europeo de Inversiones sobre exploración mineral en Europa refuerza esta idea. Estima que la inversión anual de exploración en la Unión debería aumentar desde unos 200 millones hasta alrededor de 2.000 millones de euros durante los próximos cinco años para contribuir a los objetivos europeos de suministro interno [3]. No es una invitación a rebajar exigencias: el propio informe señala la necesidad de mejores datos geológicos, permisos más previsibles, innovación, financiación adaptada al riesgo y un mayor conocimiento social de la importancia de las materias primas. Antes de decidir si un proyecto es viable, responsable y conveniente, hay que ser capaces de conocerlo.
La economía circular ya ocupa un lugar central en esta ecuación. Prolongar la vida útil de equipos y materiales, mejorar la recuperación de metales y diseñar productos más reparables y reciclables deben formar parte de cualquier estrategia industrial coherente. El reciclaje es esencial, pero no cubre por sí solo las necesidades de una transición que despliega simultáneamente redes eléctricas, almacenamiento, generación renovable, movilidad electrificada e infraestructuras digitales. Oponerse por principio a todo conocimiento y aprovechamiento de los recursos propios solo traslada la huella ambiental y social a otros lugares; no la elimina.
Una transición energética justa asume esa realidad material. Europa necesita reducir emisiones y dependencias; necesita renovables y minerales; necesita rapidez sin renunciar al rigor. El subsuelo no puede ocupar el papel de trastienda incómoda de la transición: está en sus cimientos. La cuestión decisiva no es si debemos hablar de materias primas, sino si lo hacemos con la honestidad, el conocimiento y la exigencia que demanda el futuro energético.
Autor: Pablo Núñez Fernández. Doctor en Geología, EurGeol, miembro de la Junta Directiva del ICOG y de la European Federation of Geologists.
Figura superior: De la geología a la circularidad: cadena de valor mineral para la transición energética y digital. Elaboración propia.
REFERENCIAS
[1] Comisión Europea — Critical Raw Materials Act: https://single-market-economy.ec.europa.eu/sectors/raw-materials/areas-specific-interest/critical-raw-materials/critical-raw-materials-act_en
[2] Agencia Internacional de la Energía — Global Critical Minerals Outlook 2026: https://www.iea.org/reports/global-critical-minerals-outlook-2026
[3] Banco Europeo de Inversiones — EIB study points to ways Europe can unlock its critical raw materials potential: https://www.eib.org/en/press/all/2026-259-eib-study-points-to-ways-europe-can-unlock-its-critical-raw-materials-potential


















