El futuro para la creación de valor en las Organizaciones: “La Inteligencia Artificial no es el destino, sino la herramienta”.

Lo que me ha movido en esta ocasión a escribir este artículo fue el hecho de que recientemente tuve ocasión de acceder a un paper presentado en la universidad californiana de Berkeley bajo el título: “Designing the Intelligent Organization: Six Principles for Human-AI collaboration” y en cuyo abstract, su autor y profesor en el área de estrategia e inteligencia de negocio del Norwegian Business School, Vegard Kolbjørnsrud introduce: “el objetivo estratégico de las Organizaciones debe ser avanzar hacia modelos de inteligencia colectiva aumentada, donde personas y tecnología colaboren para resolver problemas de manera más efectiva que cualquiera de ellos por separado”.
Casi de forma simultánea, leí un artículo periodístico publicado en Mayo por el escritor y profesor universitario cántabro José María Lassalle en el cual este autor afirma que la IA no solo transforma actividades físicas o repetitivas, sino que también interviene en ámbitos relacionados con el conocimiento, la creatividad y la toma de decisiones, es decir en el ámbito Humanista.
Es por ello, que en esta ocasión pretendo hacer una fusión de las ideas de ambos autores y analizar cómo trascienden en nuestro mundo empresarial de las EE.RR y del sector medioambiental.
Partimos del hecho incuestionable de que la IA ha irrumpido en prácticamente todos los sectores económicos y sociales. Desde la automatización de procesos hasta la generación de conocimiento, pasando por la optimización de operaciones complejas, su capacidad para transformar Organizaciones parece ilimitada. Sin embargo, la pregunta más importante ya no es qué puede hacer la IA, sino para qué la utilizamos y qué tipo de Organizaciones queremos construir con ella

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Según publica en una editorial el Global Research Marketing los procesos de negocio dentro de las Organizaciones ya utilizan el 70% de IA. La integración de la IA convierte los datos en decisiones y las ideas en resultados.
En un entorno de innovación continua las Compañías necesitan más que herramientas tecnológicas, necesitan que cada inversión en TI esté alineada con los objetivos de negocio y con los valores y cultura.
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La cuestión anterior no es tema baladí y adquiere una relevancia especial en el ámbito de las energías renovables y el desarrollo sostenible. La humanidad afronta simultáneamente dos grandes transiciones/revoluciones: la digital y la energética. Ambas están profundamente conectadas. Mientras la transición energética busca reducir las emisiones y construir una economía más sostenible, la transformación digital ofrece herramientas capaces de acelerar ese proceso; pero, ya no solo de acelerarlo, sino de cuantificarlo mejor gracias al enorme poder de cómputo y el gran avance en el manejo de bases de datos, por no hablar de la IA generativa que ya lo impregna todo.
Por ello, es importante destacar lo que nos dice el estudio del profesor Kolbjørnsrud: tradicionalmente, las empresas han incorporado nuevas tecnologías para aumentar la eficiencia, reducir costes o mejorar la productividad. La Inteligencia Artificial permite alcanzar estos objetivos a una escala sin precedentes. Sin embargo, todo apunta a que las Organizaciones más exitosas no serán necesariamente aquellas que automaticen más procesos, sino aquellas que logren combinar de forma inteligente las capacidades humanas y las capacidades digitales. Se denomina a este modelo “Organización inteligente”. Según su planteamiento, la inteligencia organizacional no depende únicamente de la suma de personas talentosas o de algoritmos avanzados, sino de la capacidad colectiva para aprender, resolver problemas complejos y adaptarse a entornos cambiantes.
Esta visión propone una evolución desde modelos centrados exclusivamente en la inteligencia humana o en la automatización hacia sistemas de inteligencia colectiva aumentada, donde personas y máquinas colaboran de manera complementaria.
La IA aporta velocidad, capacidad de procesamiento y análisis de grandes volúmenes de datos. Los seres humanos aportan creatividad, criterio ético, empatía, intuición y comprensión contextual. Cuando ambas capacidades se combinan adecuadamente, la Organización alcanza niveles superiores de aprendizaje e innovación.
La revolución energética necesita Inteligencia Artificial
El sector energético es uno de los ejemplos más evidentes de esta transformación y, en concreto, la generación de energía renovable depende de variables complejas y cambiantes como la radiación solar, la velocidad del viento o las condiciones meteorológicas. La gestión eficiente de estas fuentes requiere procesar enormes cantidades de información en tiempo real.
La Inteligencia Artificial ya está contribuyendo a:
mejorar la predicción de la producción eólica y solar
optimizar el funcionamiento de redes eléctricas inteligentes
reducir pérdidas energéticas
anticipar fallos mediante mantenimiento predictivo
optimizar sistemas de almacenamiento energético
acelerar el diseño de nuevas tecnologías limpias
Teniendo en cuenta estas capacidades, las empresas pueden producir energía de forma más eficiente, reducir costes operativos y aumentar la estabilidad del sistema energético.
Sin embargo, el verdadero valor no reside únicamente en la tecnología. La clave está en cómo las Organizaciones integran estas herramientas dentro de su propósito y cultura.
El riesgo de olvidar a las personas
Aunque el potencial de la IA es enorme, también plantea interrogantes relevantes sobre el futuro del trabajo, la autonomía profesional y la distribución del valor generado.
El filósofo y analista José María Lassalle ha advertido sobre la posibilidad de que surjan nuevas formas de alienación asociadas a la Inteligencia Artificial.
La cuestión fundamental es si la tecnología se utilizará para ampliar las capacidades humanas o para sustituirlas progresivamente. Es decir, si la automatización se convierte en un fin en sí mismo las Compañías corren el riesgo de empobrecer el trabajo humano, reducir la capacidad crítica de las personas y se podría concentrar el conocimiento en sistemas algorítmicos cada vez más opacos.
Por ello, la transformación digital debe ir acompañada de una reflexión ética sobre el papel que las personas deben seguir desempeñando en la estructura corporativa.
Una nueva cultura para la era de la IA
En este contexto, la alfabetización en Inteligencia Artificial se convierte en una competencia básica. No se trata de que todas las personas sean expertas en programación o ciencia de datos, sino de que comprendan cómo funcionan los sistemas inteligentes, cuáles son sus limitaciones y cómo utilizarlos de forma crítica y responsable.
La colaboración humano-máquina requiere ciudadanos y profesionales capaces de dialogar con la tecnología, supervisarla y aprovecharla para generar mejores resultados.
Sostenibilidad, tecnología y propósito compartido
Las empresas de Energías Renovables tienen una oportunidad única para liderar esta transformación, pues su actividad ya está vinculada a uno de los mayores objetivos colectivos de nuestro tiempo: construir un modelo de desarrollo más sostenible. La incorporación de la Inteligencia Artificial puede acelerar este proceso, pero solo si se mantiene alineada con valores humanos y ambientales.
Por ello, muchas Organizaciones están comenzando a reformular sus Misiones corporativas para integrar explícitamente tres dimensiones complementarias:
el progreso tecnológico
el desarrollo sostenible
el bienestar de las personas
La pregunta ya no es únicamente cómo generar energía más limpia o cómo aplicar más Inteligencia Artificial, sino cómo utilizar ambas capacidades para crear un impacto positivo duradero en la sociedad.
La convergencia entre IA, transición energética y sostenibilidad está dando lugar a una nueva generación de Organizaciones en las cuales se entiende que la tecnología es un medio y no un fin. Utilizan la algorítmica para mejorar la eficiencia, pero también para potenciar la creatividad, la innovación y el aprendizaje de las personas. Buscan generar rentabilidad económica, pero al mismo tiempo contribuir al bienestar social y a la protección del medio ambiente. Se deduce, por tanto, que su ventaja competitiva no reside únicamente en disponer de las mejores técnicas o infraestructuras, sino en su capacidad para integrar en su core, de forma inteligente, tecnología, talento y propósito; que sepan construir un conocimiento colectivo aumentado capaz de afrontar los grandes desafíos del siglo XXI donde la IA amplifique el potencial humano y, así mismo, la innovación se ejerza con responsabilidad, para que el progreso económico avance de la mano de la sostenibilidad y la dignidad de las personas porque realmente, ahora más que nunca, toca hablar y avanzar en Humanismo digital.
Artículo para la edición digital de Dínamo Técnica.
Autor: Juan Carlos Gundín Fontecoba. Licenciado en CC. Físicas, Máster en EE.RR otorgado por las tres universidades gallegas (2004) y divulgador medioambiental.


















