El Biorrefino, un proceso estratégico clave para impulsar la movilidad sostenible

De forma simplificada, una biorrefinería es una instalación industrial que convierte biomasa (como cultivos, residuos agrícolas, forestales o urbanos) en una amplia gama de productos de valor añadido, de forma similar a cómo una refinería de petróleo transforma el crudo en combustibles y derivados; ahora bien, a diferencia de una refinería convencional la fuente energética se encuentra en la Glucosa, Celulosa o en el poder calorífico de las distintas materias primas, antes señaladas. Se trata por tanto de un proceso que parte de recursos renovables para ofrecernos toda una gama de vectores energéticos en forma de subproductos.
A lo largo de la historia, el uso de los biocombustibles ha experimentado una notable evolución impulsada por las necesidades energéticas y ambientales de cada época. Los biocombustibles, derivados de materia orgánica como aceites vegetales, caña de azúcar o maíz, comenzaron a tener relevancia a finales del siglo XIX, cuando Rudolf Diesel probó su motor con aceite de maní en 1893. Sin embargo, el descubrimiento y la expansión del petróleo desplazaron temporalmente su desarrollo.
Sería largos años después, durante la crisis del petróleo de la década de 1970, cuando los biocombustibles resurgieron como alternativa estratégica ante la dependencia del crudo. Países como Brasil impulsaron programas de etanol a partir de la caña de azúcar, mientras que en Estados Unidos se promovió el uso del etanol de maíz. En el siglo XXI, el creciente interés por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y fomentar la sostenibilidad.
Hoy en día, los biocombustibles representan una pieza clave en la transición hacia energías más limpias y respetuosas con el Medio Ambiente. Aunque aún enfrentan desafíos tecnológicos y económicos, su evolución demuestra el esfuerzo constante por equilibrar desarrollo energético, protección ambiental y seguridad económica a nivel global
Durante la producción de bioetanol/biodiésel, por ejemplo, se generan residuos ricos en proteínas, como la vinaza o los granos secos con solubles (DDGS), que pueden ser transformados en ecoproteína mediante procesos de secado, concentración y purificación. Este subproducto tiene un alto valor nutricional y organoléptico, pudiendo ser utilizado como ingrediente en la composición de piensos para animales y en acuicultura. Por otro lado, en una biorrefinería tenemos la posibilidad de aprovechamiento del Biogás, que puede ser utilizado como input energético de forma conjunta al fertilizante resultante del proceso de metanización; y, todo ello, junto al potencial aprovechamiento del CO2 procedente de la Fermentación y, así mismo, la posibilidad incluso de derivar ciertos alcoholes al sector cosmético pone claramente de manifiesto la integración energética global que se da en este tipo de industrias.
Huelga decir, por tanto, que el biorrefino representa una estrategia de economía circular, permitiendo aprovechar al máximo los recursos agrícolas y reducir los residuos del proceso industrial estando constatado el hecho de que la producción de biocombustibles a partir de cereales permite reducir hasta en un 60 % las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con la gasolina tradicional, según la Agencia Internacional de Energía.

En la infografía apreciamos como podemos hablar de un proceso íntegramente circular donde entra a formar parte como actor fundamental el sector primario y la posibilidad de ofrecer beneficios económicos al generar empleo en las comunidades locales que abastezcan de materia prima a la biorrefinería y al mismo tiempo esas comunidades se ven favorecidas por el retorno a la cabaña ganadera de la ecoproteína y el fertilizante como abono a las tierras de cultivo.
Los beneficios proporcionados por este modelo son patentes:
Beneficios ambientales
- Disminuyen las emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero frente a procesos basados en combustibles fósiles.
- Valorización de los residuos agrícolas, forestales, agroindustriales y urbanos, reduciendo la contaminación.
- Fomento de una economía circular, aprovechando al máximo la biomasa y minimizando residuos.
- Reducción de la dependencia de recursos no renovables y el impacto ambiental de la industria química tradicional.
Beneficios económicos
- Diversificación de la producción, generando biocombustibles, bioquímicos, bioplásticos, energía y materiales sostenibles.
- Mejora de la rentabilidad del sector agroindustrial con la puesta en valor del aprovechamiento energético de la Biomasa.
- Impulso de la innovación tecnológica y el desarrollo de nuevas industrias verdes.
- Minimización de la dependencia energética exterior y se fortaleciendo la seguridad y soberanía energética.
Beneficios sociales
- Creación de empleo local y cualificado, especialmente en zonas rurales.
- Favorecimiento del desarrollo regional, dinamizando economías locales.
- Contribución a la transición hacia un modelo productivo más sostenible, alineado con objetivos climáticos y sociales.
Beneficios estratégicos y tecnológicos
- Integración de múltiples procesos en una sola instalación, maximizando la eficiencia.
- Utilización de una amplia variedad de materias primas renovables.
- Apoyo a la descarbonización de sectores industriales difíciles de electrificar.
En conjunto, las biorrefinerías son infraestructuras clave para la bioeconomía, ya que combinan sostenibilidad ambiental, competitividad económica y beneficios sociales.
Actualmente el uso de biocombustibles frente al petróleo constituye una ruta viable para robustecer la soberanía energética. Si bien persisten retos técnicos, económicos (derivados de una fiscalidad coercitiva injustificada) y ambientales, la capacidad de producir energía a partir de recursos locales, junto con la reducción de dependencia externa y su extraordinaria capacidad de actuar como sumidero de emisiones, los posiciona como un pilar fundamental en la transición hacia sistemas energéticos más sostenibles y autónomos.
En el informe de Argus Biofuels Analytics (julio 2025) se revela un crecimiento sostenido del mercado europeo de biocombustibles, impulsado por la directiva RED III y el auge de los combustibles sostenibles de aviación (SAF). La demanda podría superar los 49 mil millones de litros en 2030.

Datos extraídos del informe Argus Biofuels
Ahora bien, pese a la volatilidad propia del escenario geopolítico, el Mercado crece una media del 4,7% anual; por ello, los potenciales entrantes deberán apostar por estrategias diferenciadas: invertir en tecnologías avanzadas, establecer alianzas estratégicas con distribuidores, garantizar la sostenibilidad de su cadena de valor y buscar nichos específicos donde puedan competir sin depender exclusivamente de cultivos tradicionales. Solo así será posible superar las barreras de entrada y aprovechar la demanda que se espera para este mercado en todo el planeta y que supuso un volumen entorno a los 200 mil millones de litros a finales de 2025.
Aparentemente todo se asemeja a un océano rojo para los nuevos actores de mercado, mas sin embargo, hemos de ser conscientes que hablar de Bioenergía es hablar de futuro y movilidad sostenible ¿Habrá que hacer esfuerzo?: sí, y mucho, pero todo indica que el éxito de este modelo de negocio llegará en el medio/largo plazo.
En los próximos años nuestro país puede ocupar un papel protagonista en la industria europea de los biocarburantes. Se prevé que el sector del transporte pesado, marítimo y aéreo será el gran beneficiado por la expansión de los biocombustibles, ya que la electrificación no se considera viable por ahora en estos segmentos.
El desarrollo de tecnologías innovadoras basadas en biomasa residual, residuos agrícolas y forestales o subproductos industriales permitirá consolidar cadenas de valor verdaderamente circulares y sostenibles, con beneficios tanto medioambientales como económicos y sociales.
Así mismo, el impulso a la recogida selectiva de residuos orgánicos, la inversión en proyectos de biometano y biocombustibles avanzados y la colaboración entre entidades públicas y privadas serán fundamentales para crear una industria fuerte y capaz de absorber la producción nacional, sin depender de las importaciones ni generar excedentes.
El potencial de impacto positivo también abarca al ámbito rural y a las regiones menos pobladas, ya que la mayor parte de las materias primas necesarias provienen del sector primario. Esto supone una oportunidad de desarrollo local, fijación de población y transición hacia modelos económicos más sostenibles y resilientes.
La próxima (r)evolución industrial que nos encamina hacia los objetivos medioambientales para paliar el Cambio Climático no será de acero, ni de combustibles fósiles, si no de biotecnología; por ende, hemos de adoptar políticas que garantan seguridad legislativa y amparo fiscal para fomentar el uso de los biocombustibles por su indudable capacidad de abatimiento de emisiones para lograr de este modo alcanzar el objetivo Net Zero en el horizonte 2050.

Biorrefinería ubicada en la localidad coruñesa de Teixeiro
Autor: Juan Carlos Gundín Fontecoba. Licenciado en CC. Físicas, Máster en EE.RR otorgado por las tres universidades gallegas (2004) y divulgador medioambiental.
Artículo publicado en el Nº 34 de Dínamo Técnica, de abril de 2026.


















