Tâmega, el reto de la ingeniería para hibridar una gigabatería hidroeléctrica con energía eólica

Iberdrola avanza en el norte de Portugal en la construcción de la primera infraestructura híbrida eólica–hidráulica conectada a la red de la Península Ibérica. Estará formada por dos parques eólicos, Tâmega Norte y Tâmega Sur, que se combinarán con la generación hidroeléctrica de almacenamiento por bombeo situada en el Complejo Hidroeléctrico del Tâmega.
La central está formada por tres estaciones hidroeléctricas –Gouvães, Daivões y Alto Tâmega- ubicadas sobre un afluente del Duero, cerca de Oporto, que funcionan como una enorme gigabatería energética. La planta permite acumular electricidad cuando hay poca demanda y liberarla si el sistema lo necesita. Tanto los parques como el complejo compartirán la misma conexión a la red eléctrica, reduciendo costes y acelerando la integración de renovables. Será un modelo mucho más eficiente y preparado para acelerar la electrificación.
Para poner los parques en marcha, técnicos de Iberdrola iniciaron previamente un proceso de diálogo con las comunidades locales y vecinos, fundamental para integrar las infraestructuras en el territorio, anticipar riesgos y minimizar impactos. Cada fase requiere informes previos, análisis de accesos, planificación del trabajo de grúas de gran tonelaje, minuciosos estudios para reducir la huella medioambiental y una coordinación constante entre equipos de ingenieros y expertos medioambientales y en logística.
Unir viento con agua
A pesar de la adversa climatología que azotó Portugal durante el primer trimestre de 2026, las obras continúan a buen ritmo. Las condiciones atmosféricas marcan la pauta, viento, rachas fuertes o niebla ralentizan operaciones. Serán 38 aerogeneradores, los más grandes y potentes del mercado, que ya se están levantando con una planificación milimétrica. Cada uno alcanzará más de 190 metros de altura total, 114 hasta el buje, con palas de 84 metros de alto y 27 toneladas de peso. Un equipo consolidado de ingenieros se enfrenta cada día al reto de unir la energía del viento con la del agua a través de un proceso de hibridación.
Uno de los elementos más singulares del proyecto es la utilización de la tecnología BladeLifter para el transporte de las palas, de unas dimensiones considerables, que permite elevarlas hasta 60 grados facilitando su paso por vías estrechas sin necesidad de tener que construir nuevos accesos ni ejecutar grandes obras civiles. Las aspas, fabricadas en Polonia, llegan en barco a Porto Aveiro y viajan hasta Cabeceiras de Bastos, Braga, donde camiones con una longitud que supera los 40 metros esperan para su traslado hasta el parque eólico. Es en este punto donde comienza el tramo más delicado: cerca de siete horas para recorrer 20 kilómetros debido a la complejidad del terreno. En cada jornada se trasladan tres palas y la instalación de un solo generador requiere un mínimo de seis días.
Detrás de esta tecnología está la experiencia de ingenieros y técnicos que hacen posible cada operación. Un camión requiere un equipo mínimo de tres profesionales en comunicación constante a través de radio. Uno conduce el vehículo, otro controla la rotación, la inclinación de la pala -capaz de girar 360 grados sobre sí misma y elevarse hasta los 60 grados- y un tercero supervisa la estabilidad del conjunto. Pero no son los únicos, un solo desplazamiento moviliza operadores técnicos, especialistas en seguridad, coordinadores de maniobras, etc. Todos trabajan en conjunto para superar curvas cerradas y desniveles. La coordinación permanente y la concentración son esenciales para garantizar la seguridad. Cada milímetro cuenta. La velocidad del viento, la estabilidad del equipo y la inclinación deben monitorizarse en cada segundo. Los transportes van escoltados por vehículos de las fuerzas de seguridad portuguesa que gestionan el tráfico y coches piloto de Iberdrola para la señalización.
En el camino, las enormes palas avanzan lentamente por carreteras rurales. A ambos lados, el ganado pasta ajeno al impresionante despliegue técnico, una imagen que describe también una parte del espíritu del proyecto. Y es que las nuevas tecnologías comparten espacio con la vida rural y con el paisaje, demostrando que la transición energética no sustituye a la naturaleza, convive con ella.
Impacto ambiental y beneficios
Además de la transformación del modelo energético, se impulsa la economía local. Durante los picos de construcción trabajan hasta 700 personas de manera directa, muchas de ellas vecinos de municipios cercanos. La producción de energía renovable no solo cambia el sistema eléctrico, también impulsa empleo, actividad económica y oportunidades de desarrollo sostenible. El parque evitará la emisión de más de 230.000 toneladas de CO₂ al año.
La combinación de energía eólica terrestre con almacenamiento hidroeléctrico por bombeo representa una solución replicable en otras regiones con recursos similares. La hibridación permite sincronizar fuentes de generación con perfiles distintos, integrar técnicas de control avanzadas y operar infraestructuras compartidas para garantizar calidad y estabilidad de suministro. La transición energética no es solo una cuestión de instalar renovables, es integrarlas. En el Tâmega viento y agua se combinan. El reto de la ingeniería para hibridar una gigabatería hidroeléctrica con energía eólica marca un antes y un después en el camino hacia el sistema energético del futuro.

























